El olivo es una planta típica del mediterráneo, su cultivo se remonta a otras  épocas, hay evidencias de su explotación  desde hace más de 12.000 años  antes de Cristo.  Existen dos hipótesis sobre el origen del olivo, una que supone que proviene de las costas de Siria, Líbano e Israel y otra que afirma que es originario de Asia menor.

El principal derivado de este producto es el tan apreciado aceite de oliva de consumo mundial. El olivo es un árbol de copa ancha de hojas perennes que puede vivir en forma indefinida gracias a las yemas y brotes que se desprenden de sus tallos, originando la renovación y  multiplicación de la planta, siempre y cuando se mantengan las condiciones necesarias para su desarrollo que suelen ser muy especiales.

Sembrar olivas en Venezuela no ha podido ser estable a pesar de los intentos que se han llevado a cabo en algunos estados andinos, atendiendo a la necesidad  que la planta exige de temperaturas que varían entre los 10°  y 12,5 ° centígrados durante buena parte de su desarrollo; el olivo requiere de suficientes horas de luz aproximadamente 2.000 horas anuales, la humedad del ambiente no debe sobrepasar  el  65%. Su siembra requiere de rigurosos estudios de suelo para lograr un fruto rentable y la sabia elección de una variedad que se adapte al suelo que se dispone para garantizar altas producciones, sin descuidar el permanente cuido y la sabia poda que requiere la planta.

Las semillas de olivo se exportan desde Egipto, sin embargo en Colombia se consiguen estacas que pueden dar un buen resultado gracias a su tropicalización.  Sembrar Olivas en Venezuela es un proceso complejo, debido a que no hay suficientes horas de frío y las estaciones se reducen a períodos de lluvia o de sequía que duran aproximadamente seis meses cada uno, dependiendo de la región en donde nos encontremos. Los  españoles que llegaron en la época de la colonia pudieron traer las semillas de oliva del mediterráneo y sembrarlas, no obstante no debieron tener mucho  éxito al no encontrar las condiciones climáticas apropiadas para su desarrollo.  Por otro lado el olivo requiere de una inversión a largo plazo, en consecuencia son pocos los inversionistas agrícolas  que se atreven a esperar varios años antes de disfrutar la cosecha.

El producto derivado de la oliva, el aceite, requiere de procesos tecnológicos especiales con los que no se cuenta aún en el país y también es necesario técnicos  especializados para así lograr que un olivar sea un cultivo rentable. Se deben lograr ciertas condiciones, que se pueden resumir de la siguiente manera: El producto debe tener una demanda que compense la inversión; La variedad de olivo que se pretende sembrar debe tener, en lo posible, un corto período de productividad y los procesos de recolección, almacenamiento y producto final deben ser mecanizados.

En Venezuela desde  el siglo pasado la renta que se deriva de la explotación petrolera ha mermado la inversión agrícola. El campesino ha emigrado a los centros urbanos en  búsqueda de mejores condiciones de vida dejando el campo en abandono, y los inversionistas del campo encontraron quimeras en el auge  minero.  A partir del año 1925, cuando comienza el auge petrolero en el país, sus ingresos se constituyeron en la principal fuente de la economía venezolana, de esta forma nos constituimos como un país minero y petrolero.

El Ministro de Hacienda del gobierno del General Eleazar López Contreras en 1936, Alberto Adriani escribió  la famosa frase de “sembrar el petróleo”. Esta expresión  fue luego popularizada por el novelista y político Arturo Úslar Pietri hasta el extremo de que muchas personas han llegado a considerar a éste último como el autor de esta frase,  que resume la preocupación de estas figuras de la vida nacional por la necesidad de la inversión en la agricultura a partir de los excelentes ingresos petroleros, cuestión que hasta nuestros días no ha dado los resultados esperados.

Es evidente que dentro de este contexto la producción agrícola no ha alcanzado el desarrollo necesario para suplir el consumo interno en muchos de los rubros necesarios, y sería ingenuo pensar que a mediano plazo alguien se atreva a intentar sembrar olivas en Venezuela, conociendo la cantidad de requerimientos económicos, tecnológicos y climáticos que se requieren.

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